IX

desilusiona un todo
                                   mole inmóvil
si de llenar un cuerpo tire al hilo
y es eso
              o no es latir a un ritmo
siempre o bien que un buen momento
de colmo por sonrisas
cubra el pozo de excremento amor
qué bien toser forzar blancura
dejando en anidado lodo y duelo
sintiendo por fractal rama la angustia
  

CONOCIA LOS IMPULSOS DE LO AJENO MIRA

AHÍ ESTA LO VES ALLI NO HAY NADA MIRA

ESO QUE SANGRA ES UNA HERIDA MIRA ESO

QUE EMPIEZA A DOLER ALGUNA VEZ FUE

MUSCULO EJERCITADO DE EXISTIRSE

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A place of my own

Rodeándolo las vibraciones, el lugar,
mi lugar de nada más que miedo,
acaso de cornisa paseada
de pájaros hinchados por su himno,
y yo compongo el timbre
que me agita eléctrico, instrumento
la boca temblorosa siendo espuma.

Construyo este lugar sin la costumbre
de hacer un otro alguno, sin haber
rallado otros cristales, sin
experiencia de portones que rasparan
la luz haciéndola hilo y atroz,
pasando por la piel, temprano
por piel arrinconada dando polvo.

decirte qué debiera no decirte
que vengas una noche dando el pulso
calmado del veneno de una nueva
especie fecundada en el veneno
de viejas y legítimas bacterias
decirte a ti eres otra que detrás
de todo truco nuevo seas el naipe
la mano en la chistera acariciando
la ausencia de unas aves migratorias

VIII

el dolor que una vez de no
tener otro dolor que nunca
   dio de nervios     serme extraño
con la escasez y sucederlo
querer crear la sílaba
de labios     dormidos     lamiendo
de lenguas sobre sucios temporales
por materia recorriéndola grisácea
pellizco de un motor que lubricase
segundos demasiados indolente
  

 IBAN CAYENDO CON LA REDONDEZ CAPAZ DE

SUSPENDERLAS NO HUMEDECIERON NADA A SU

PASO CAYERON SIN RITMO RODARON SIN EROSIONAR

UN CUERPO SOLO QUEDO AL SECARSE LA SAL MAS

SUAVE EN LA BOCA DEL OTRO CON UN MIEDO DESCONOCIDO

QUISE NOTAR LA TIBIEZA QUE HINCHABA MI SIEN

Mil caras de Dulcinea siglo XXI

I

Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus libros…

Nacida de la incertidumbre que no duda,
motivo de una lucha
salvaje contra el polvo,
ficción que no vacila y da su sombra
como caligrafía de un desorden
que impone el brazo roto. Y es por eso,
belleza ante humareda preferida,
que no duermo escuchando el crepitar
de la entraña estallando lentamente.

 

II

Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha…

Que me placen sus manos aunque duela
ser bestia entre la sal, quedar inmóvil,
ser sabor de un agónico rugido
que pueda al fin honrar estos fantasmas,
engendros de quietud entre tus manos.

 

III

El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene.

Duele más la herida por vacío,
girando su dolor haciendo de aire
un bucle, evidenciando el hueco,
espacio a tu medida y a tu ausencia.

Y sé que estás allí porque aquí sopla
un viento conocido que inflama
la imagen de esta noche sin imagen,
porque tengo la intuición de conocerte
en la nitidez alzada de la bruma.

 

IV – Soneto para existirse

idea por materia voz que evoca
los rasgos si de luz se desordena
coágulo de sien sonar de vena
o piedra entre su flujo que retoca

su piel o no saber si fue por roca
que tan perfectamente hizo su pena
o no saber de aquello lo que suena
modela en su dolor troquel de boca

dulzor de medicina tanto ardido
que posa su picor en la locura
verdad como visión sutil pelea

prendida de sentir contra el sentido
resulta por la letra de una oscura
que un ser sin existirse dulcinea

Mecánica de Paisajes para un Cántico

Paisajes para un cántico

Siempre he sabido que Natalia Ruiz-Poveda era una poeta espectacular. Desde que nos conocemos, desde nuestros primeros ronroneos reticentes, sus versos me han impactado, no solo por la evidente calidad que muestra en ellos, sino también por la manera que tiene de conmover. Por eso mismo, parecía que no había lugar para mi sorpresa, pero sí que lo hay. Leer a Natalia en formato libro hace que la admire incluso más. Construir un poemario, ensamblar todas las piezas que forman su mecánica, no es una tarea nada fácil y ella lo ha conseguido. Paisajes para un cántico (Torremozas, 2016) nos da la sensación de plenitud, de estar ante algo trabajado, sin fisuras. Esto se consigue teniendo en cuenta muchas cosas: la cohesión estilística del libro pero, a la vez, la ruptura consciente de la monotonía; una cierta narratividad que vaya hilando los poemas; la búsqueda de la armonía en su disposición… El poemario de Natalia puede servir perfectamente de ejemplo de todo esto.

Paisajes para un cántico, obviamente -desde el título podemos verlo-, canta, es un poemario cantarín. Solo hay que escuchar el verso que abre el libro para darse cuenta: Solo el eco de alguno de los cánticos / anunciaba el instante en que empezaba el azar a hacer su efecto. La palabra cántico haciendo eco con la palabra eco, el azar soplando su efecto… maravilloso. No solo hay música en el paisaje fonético de los poemas o en el ritmo (no quemaste mi invierno arrodillando / el verso a cada piel que yo te daba), también se invoca directamente a lo musical: habaneras de azules, vals accidentados, pianos sifilíticos, rock de carretera, sonidos de tambores

La primera parte del poemario suena a blues, a tango; la segunda, a sonata, a canto de pájaro. Esta división sirve para separar dos ambientes en el libro, pero en ningún momento rompe la intención estética. Los paisajes de “Matérico paisaje (de tangos, habaneras y extrarradios)”, que es la primera parte, son más urbanos, más veloces, y están colmados de estímulos sensoriales. Yo puse la autopista, / la música de aquel piano dio su augurio: / tú el silencio, de nuevo, la música. El cielo argamasado de Madrid / se deshace en el polvo de la tarde, ejemplo perfecto de versos palpables. Los cinco sentidos se activan en esta parte. Todas estas sensaciones acaban plasmadas en el recuerdo, en una postal. La voz poética se presenta viajera, casi nómada, y es por esto mismo que intentará conservarlo todo, imperturbable al tiempo -quizás sea este uno de los principales objetivos de la labor poética-. Al inicio de la segunda parte culmina el proceso y se concreta esta idea en una especie de metapoética en la que podemos leer: y recuerdo también / la pirámide blanca, / la plaza con sus pájaros verdosos / –grisallas de otro tiempo, fotogramas del sueño–.

Esta segunda parte, “Impalpable paisaje (ensoñaciones, viajes, intersticios)”, invita al turismo interno y, por eso, el ambiente cambia: pasamos de un mundo acelerado a otro más tranquilo, -allí, bajo el arrecife, / donde los fósiles conviven con el liquen, / y la piedra / es húmeda y selecta-, la autora pasa de abrir el cuerpo a bocajarro en la primera parte a edificar un rompeolas para protegerlo. Aquí leemos a una voz poética más “sabia”, quizás desde una perspectiva oriental (de hecho, el último poema es un haiku en toda regla), leemos a una voz poética más conocedora de sí misma y de los demás. Hay un poema en esta segunda parte que me encanta, que lo ejemplifica a la perfección y que dice así: Amé todos los nombres / y olvidé el alfabeto; sólo entonces / reconocí mi rostro. La poeta se ha dado a los demás, lo ha aprendido todo de ellos, pero hay un momento en el que es necesario el olvido, la destrucción de lo que uno sabe, para, a través de la experiencia, volver la mirada hacia uno mismo y reconstruirse.

Añado, teniendo en cuenta los tiempos que corren, que si queréis huir de la poesía superficial y adolescente, este libro puede ser un refugio perfecto.

VII

Estamos vivos porque nos duele el corazón

José Ignacio Montoto

 

por eso por doler estamos
haciendo en sangre
todo lo sentirse pero
tú y un soplo desarritmo
que ni de aire al fin quedara
por eso púa antes que nulo
símbolo antes que su el otro
símbolo en nada prefiero escalpe
quisiera tú que aquello

 

CON MAS MIEDO A LA AUSENCIA QUE A LA

INCERTIDUMBRE ME RESISTI AL SUEÑO ELLA

ME HABLO DE LA OTRA VIDA ARRASTRANDO LAS

ULTIMAS SILABAS SIN MAS ARGUMENTOS DORMI